Estoy aquí y percibo
la grandeza del día

MITOS

Los mitos son como abuelos sentados en nuestra cama con los libros de sus labios contando historias sagradas. Los mitos buscan las causas de las cosas más extrañas: por qué sucede la aurora, a dónde se van las almas; o por quién lloran los sauces y alguna estrella se escapa o quién esparce la nieve o quién humedece el agua.


Los mitos te dan respuesta a cualquier pregunta que hagas, a cualquier duda que tengas, a cualquier sueño que abras.


Y nos desvelan secretos de dioses y de batallas; y nos quitan algún miedo con sus caballos de calma. Los mitos son hermosísimos paraísos de palabras y en ellos jamás es nunca y huelen a sol y a magia. Y están rodeados de héroes y heroínas que se afanan en que el amor no termine ni se acabe la esperanza.


Acércate siempre a ellos, recorre bien sus montañas puedes encontrar tesoros, unicornios, añoranza; o sirenas radiantes a la orilla de las playas. O caracolas que explican el rumor de la distancia.


Los mitos son inmortales como el viento y las mañanas, como el recuerdo y la luz, como la sombra y las lágrimas.


Te voy a narrar un mito, escucha, sueña, divaga: Pigmalión, el rey de Chipre, tenía todo y tenía nada, pues se sentía tan solo que ni reía ni gozaba.

Y en un trozo de marfil, noche y día, talla y talla, va apareciendo la forma de una hermosísima dama.


Se admira el rey escultor de su cuerpo y de su cara. Y cuanto más la contempla más se asemeja a una humana. Toca sus largos cabellos que le caen por la espalda y acaricia sus mejillas que enrojecen al tocarlas.


Piensa que sus labios quieren decirle alguna palabra y que sus ojos le miran y que sus brazos le abrazan. Cubre sus hombros con besos y con túnicas bordadas, por si le enfriara el frío o la luz del sol la daña. Le trae flores del campo y le entreteje guirnaldas y de sus orejas cuelga lágrimas de puro ámbar. Y la llama Galatea, por ser de una piel tan blanca y la recuesta en el lecho entre plumones y sábanas. Pide a Venus Pigmalión que Galatea, su estatua, sea, sin tardar, su esposa, para cuidarla y amarla. Venus escucha sus súplica y las bodas se preparan.


Fueron felices por siempre. Los sueños también se alcanzan.


(La Nueva España, 22-05-20)

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