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Estoy aquí y percibo
la grandeza del día

DESEOS URGENTES

  • Aurelio González Ovies
  • 18 nov 2020
  • 2 Min. de lectura

Bailar como el árbol cuando sopla brisa, como una amapola entre los trigales. Bailar como hacen las altas banderas o los recorridos de las golondrinas. Mi futuro está tan a ras de suelo como están las hojas que arrastra el otoño o un papel que huye por la calle arriba. Yo quiero expresar mi mundo con pasos, al compás del viento o al rumor del mar; que mis pies avancen por los pentagramas y mis movimientos sean como rimas. Quiero que mi cuerpo se parezca al mimbre, a un sauce que llora mirando la tierra, a un sonido hermoso o a una mañana o a los balanceos de un alga marina.

Quiero que mis brazos imiten a un cisne, que sean palabras cuando los extienda y que en mi cintura se posen las notas con todas las perlas de su fantasía. Quiero ser corriente por los escenarios, nube de verano, cometa, gaviota, armonía de lluvia. Bailar como el humo hacia el infinito, bailar con la noche, recorrer sus túneles, sentir plenitud abrazar la vida.

Yo quiero abrazarme a la agricultura. Los campos me llaman. Seré campesino y poseeré bueyes hermosísimos y una gran llanura de maíz y espelta. Conoceré el tacto de las hortalizas y el amor del pan mientras está en flor y el aroma puro de la placidez y los beneficios de la luna llena. Sembraré constancia, injertaré luz, cosecharé miel de brezo y lavanda. Todas las mañanas hablaré a los árboles y acariciaré su humana corteza. Seré campesino y en mi casa habrá un perro y un mulo y un pozo de agua y ocas y gallinas libres y contentas. Recolectaré sosiego y legumbres venderé mis frutos, formaré un hogar y agradeceré a la tierra siempre su desinterés, su benevolencia.

Curar las miradas que nunca hayan visto más que odio y dolor, cerrar las heridas que siglo tras siglo limitan las razas, mejorar las bocas que sólo han mordido barro y tempestad, remediar las piernas que están tan comidas como el abandono, calmar la inquietud del lobo que aúlla dentro de algún ser, apagar el fuego que incendia la vida con terror y rabia, aliviar la sed de los labios secos desde que nacieron, sanar los oídos que no han recibido más que insulto y golpes, suavizar la vida de quienes no hallan ni casa ni patria. Esa es mi pasión: mitigar los días en el sufrimiento, atenuar su alcance, destruir sus huellas, su efecto y sus causas.

(La Nueva España, 18-11-2020)

 
 
 

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