Estoy aquí y percibo
la grandeza del día

De la A a la Z, dioses, héroes y quimeras



Adivina

qué te aguarda

tras las dunas

de estas páginas.

Tiene cuerpo

 y piel de verso.

Y un océano

inmenso.

¡Es un mito,

ya verás,

cuánta historia

alcanzarás!


Amo las historias de los dioses griegos y romanos por estar llenas de pasión, magia (por nombrar de alguna forma a sus poderes sobrehumanos), errores, luchas y castigos, que de cierta manera nos van traduciendo quiénes somos los que desde hace miles de años habitamos la Tierra. Sin embargo, confieso que la mitología grecolatina como todo árbol genealógico, tiene sus complicaciones para ser comprendida, por eso cuando por la radio recomendaron el DICCIONARIO DE MITOS CLÁSICOS de la escritora María García Esperón (México, 1964) y el doctor y profesor de lenguas clásica, Aurelio González Ovies (España, 1964), de editorial El Naranjo, no dudé en buscarlo para ver si entendía un poco más el mundo de los dioses, titanes, ninfas, moiras, reyes, héroes y quimeras.


El diccionario nos presenta de la A a la Z, 45 historias cortas acompañadas de hermosas ilustraciones en negro, blanco y anaranjado realizadas por Amanda Mijangos (México, 1986), historias e ilustraciones que nos chismean de forma clara y cercana la vida de todos aquellos que habitan la mitología, ya sea para contarnos – explicarnos cómo surgió el mundo, cómo se relacionaron los dioses con los hombres o cómo aparecieron los héroes.


Apenas adquirido el libro, me di a la tarea de cada noche leer una de estas bellas, misteriosas e intrigantes minibiografías que sólo me hacen tener ganas de saber más y más de la mitología, tan mágica como obscura y cruel. Sin embargo, hay solo una historia en particular que no puedo sacarme de la cabeza,  quién sabe qué fibras profundas tocó en mí la historia de Eco, “la más bella de las oréades o ninfas de la montaña”. Claro que si usted me viera comer últimamente, (comer, no beber) podría pensar que mi dios favorito es Baco “dios del banquete… a quien los griegos llamaban Dionisio”, pero no, Eco es la que me hace suspirar profundamente.


A Eco le gusta hablar y cantar, pero un día tiene la mala suerte de no parar frente a Hera, la reina del Olimpo, quien harta de escucharla la castiga para siempre, “sólo serás capaz de repetir el final de las expresiones ajenas”. Avergonzada, Eco huye para esconderse en un bosque donde nadie la conozca. Un día aparece un guapísimo cazador: “Me llamo Narciso. ¿Y tú?, preguntó el joven. ¡Tú!, respondió Eco. ¿Cómo te llamas?, volvió a preguntar. ¡Amas!, contestó Eco”, quien se le lanza a los besos logrando el rechazo total del joven que también tiene su historia, buscarla en la letra N. En fin, que triste y avergonzada por otras tantas desgracias, “se deshizo su cuerpo de ninfa y solamente quedó su voz, que desde entonces repite los gritos que dan los viajeros en la montaña”.


Suspiro largo…


Ahora dígame usted, de la A de Aracne a la Z de Zeus, en qué letra estará la historia griega o romana, que lo cautivará para siempre.


Fuente:


Columna de Lidia Almanza en El Heraldo de León (México) 27-05-2019.


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