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ENCUENTRO POÉTICO EN EL ANTIGUO INSTITUTO


Los poemas del latinista Aurelio González Ovies


El poeta gozoniego Aurelio González Ovies (Bañugues, 1964) ofreció ayer en el Antiguo Instituto una lectura de algunos de sus poemas. El también profesor de Filología Latina de la Universidad de Oviedo es autor de una valiosa obra que ha recibido importantes premios. En la foto, González Ovies, en el centro, con Francisco Álvarez y Daniel García de la Cuesta.

Los poemas del latinista Aurelio González Ovies JUAN PLAZA

Fuente: La Nueva España

RETRATO Siempre viene del Norte, pero al Sur nunca llega y regresa a su origen, feliz como aquel niño con el cabás al hombro que al volver de la escuela veía en la ventana, hambriento de cariño, a su madre esperando con la rica merienda.

Al cabo de los años ha llegado a saber que las horas no pasan en vano. Y el poeta busca y busca palabras -solo las verdaderas- para entender la vida, para entender la muerte. Y en comunión fraterna nos las da como obleas para parar las aguas del olvido que van hacia la mar inmensa y su voraz marea.


Lucha contra la nada, lucha contra la muerte que siempre tiene llave y no vale quitársela, que es experta hasta en “bumping”, pues, así “Horatius dixit” que ella con igual pie da golpes en las puertas de los pobres y aquellas de las torres soberbias. Y proclama que vale, sin embargo, la pena ser esta luz tan breve. Y a beber y beber el veneno agridulce de la vida nos llama.

Y con Ronsard nos dice: “¡Vivid! ¡Vivid! Creedme, no esperéis a mañana, recolectad desde hoy las rosas de la vida». O mejor en la “lingua!” de Horacio: “carpe diem” (y también “carpe noctem”) antes que el tiempo airado destemple la siringa.

Ah las rosas de Aurelio, sobre todo una rosa. Con la rosa aprendió (y con Ana, su profe) “rosa, rosa, rosae”. Y desde entonces supo que una rosa una rosa una rosa es la rosa, y un poeta en Moguer le soplaba a la oreja “no la toques ya más, que así es la rosa”.

Su infancia son recuerdos de plantas mitológicas de dalias y narcisos, de mirtos y de moras; de hortensias, manzanilla y sanjuanes y brezos; membrillos entre sábanas, castaños y manzanos, robles, mentas y sauces; jazmines, limoneros, eucaliptos y brezos, la higuera junto al pozo, y dientes de león y pinos piñoneros.

Y un bestiario de grillos y mirlos silbadores, golondrinas que anidan en las cuadras; luciérnagas, renacuajos, libélulas y hasta un urugallo; y bueyes y pollinos y un perro fidelísimo; lagartijas y gatos y bulliciosas pegas; y gaviotas, palomas, madrugadores gallos…

Su infancia es el recuerdo de un mar que se hace viejo, la mar desde Bañugues, debajo de su casa, que quién sabe si es dios, o alma, o eternidad pero con la que hablaba en horas de gaviotas cuando quiebran albores con la su alacridad.

Tal vez algo Mañara, o un poco Bradomín, ni feo ni católico, pero sí sentimental, es fiel a sus amantes: una a una las ama; desde la niña novia en bicicleta azul con la que iba a la playa, dando y dando al pedal, hasta la que ahora viene con ingente distancia. Quien lo trata bien sabe que es muy buena persona -en el büen sentido de la palabra bueno- y es fiel con sus amigos: nunca los abandona.

Como Machado, tiene a ese buen amigo que siempre va con él y a un daimon como Sócrates que a la oreja le dicta las palabras poéticas. Tan solitario a veces -¡no tiene ni Facebook!-, bien podría vivir como lo hiciera Diógenes con un candil buscando a alguien que mereciera la palabra de hombre, morando en un tonel; o mejor más romántico, también existencialista, en las tardes vacías o en las noches sin nadie llorando desamores como hacía Jacques Brel.

Y si papel no tiene alienta en los cristales para darnos palabras de belleza y nostalgia, de paraísos perdidos, de infancia revivida, que a corazones huelen o a la orfandad del alma, para escribir palabras, palabras y palabras, con las que suele el home fablar a su vecino…

Pero "iam satis est" y yo aquí ya termino. Espero, amigo Aurelio, que estos alejandrinos, aunque no bien rimados, escritos con cariño, bien valdrán, como espero, un vaso de bon vino. ------------------ Francisco Álvarez Velasco Antiguo Instituto, 10 de febrero de 2017 En los “Encuentros de poesía”

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